domingo, 15 de febrero de 2009

#32

Y nuevamente un posteo de quinientas palabras porque ayer no puse nada. No es que olvidara escribir algo, es sólo que las cosas anduvieron un poco complicadas los últimos dos días y bueno, ayer en la mañana el cansancio me alcanzó y no pude producir nada que pudiera postear aquí. Y la tarde fue bastante distinta a lo que habían venido siendo los sábados por la tarde estos últimos años.

Una de las razones por las que prefiero pasar en casa los sábados por la tarde es la cantidad de gente que prefiere salir a la calle esos mismos sábados por la tarde. Decenas, cientos, miles de personas atiborran las calles, y llega un momento en que se vuelve casi insoportable pues el número de personas hace que incluso caminar de un lugar a otro sea una odisea, y eso sin contar la marea humana que llena las tiendas, los restaurantes y los parques, y los miles de autos que convierten todo en un desfile de caracoles. Hay quienes dicen que los domingos son peores, pero en realidad prefiero los domingos de verano para salir a la calle, pues la gran mayoría va a las playas, dejando calles y parques moderadamente libres. Por eso siempre he preferido quedarme en casa los sábados por la tarde y ver una película, escuchar música, leer, o jugar alguna cosa. Por cierto, tengo algunas películas que aún no he visto pues las estoy reservando para los próximos sábados por la tarde y trasnochadas de sábado para domingo. Los sábados son para salir en la mañana y quedarse en casa en la tarde, los domingos son para salir a la calle en cualquier momento del día. Pero ayer por la tarde me invitaron a salir, y acepté sin pensarlo mucho, antes de que el resto de mi mente se pusiera a analizar la situación. Una vez que colgué el teléfono, vinieron a mi mente el calor, la humedad, la cantidad de gente que estaría en el centro comercial aprovechando la festividad anunciada con bombos y platillos por los equipos de marketing y que haría casi imposible caminar con comodidad, y sobre todo el hecho de llevar a un bebé con nosotros. Me dije a mí mismo que sería divertido. Y lo fue. A diferencia de otras oportunidades, esta vez el mar de personas no me molestó demasiado (siempre me molestan un poco las multitudes, salvo en conciertos, festivales y espectáculos masivos), aunque el calor y la humedad siguieron siendo un problema incluso después de la puesta de sol. Todo lo demás fue genial, desde hacer cola en el supermercado hasta preparar un biberón mientras esperábamos el bus, pasando por maniobrar un cochecito en medio de la multitud (juro que algunos simuladores de autos son más fáciles), incluso tener que esperar casi media hora por una pizza que estuvo bien sin llegar a estar realmente buena. Posiblemente la mejor tarde de sábado que he tenido en muchos años, y definitivamente la mejor cena de sábado que he tenido hasta ahora.

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