lunes, 25 de abril de 2011

2011-011

Ayer por la noche, alguien a quien no he visto en mucho tiempo me envió una foto de mi ex. Tal vez fue por accidente, tal vez a propósito. Nada especial en realidad. Nada oscuro ni peligroso. Nada más que una foto de ella sonriéndole a la cámara en algún lugar que no conozco.

Siempre tuve el temor, oculto detrás de una coraza, de haber estado equivocado, de no haberlo superado y finalmente desarmarme en el último instante. No sentí nada. No me congelé ni tuve otro de esos momentos de nostalgia, ni hubo vuelcos del corazón. Tampoco hubo odio, ni rencor. Nada. Cero. Y eso fue lo que más me sorprendió. Pasé mucho tiempo pensando que el día que la volviera a ver sería difícil y doloroso, pero al parecer pasé todo este tiempo preocupándome por nada. Vi la foto un par de veces, noté algunos detalles en su rostro. La misma mirada que recordaba. La misma sonrisa que recordaba. Incluso la misma chompa que casi perdimos en una tarde de primavera. La misma mujer, salvo algunos años y kilómetros de distancia. Y ya no siento nada por ella.

Al parecer la imagen era parte de una serie de fotos de mi ex y su nueva familia. Le mostré la foto a una amiga y después eliminé el correo sin ver las demás fotos. Ni siquiera sentí curiosidad. ¿Cómo pasó? ¿En qué momento logré finalmente sobreponerme? Tal vez nunca lo sepa, y quizás sea mejor así.

Este es un amanecer distinto.

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