lunes, 21 de noviembre de 2011

2011-035

Empiezo a escribir esto mientras regreso a casa en las últimas horas de una tarde bastante agradable. Tengo la costumbre de concentrarme en mis propios pensamientos cuando estoy en el bus y quiero aislarme. La música en los audífonos bloquea las voces de los pasajeros a mi alrededor y ahoga el sonido de una película malísima que, al parecer, ponen cada semana.

He notado que últimamente ha habido una cierta carga constante de nostalgia en las cosas que escribo, no sólo en este blog sino en un par de historias cortas que habían quedado olvidadas y estoy tratando de rehacer. Y de pronto me doy cuenta de que esa nostalgia ha estado presente, de forma más o menos visible, desde hace varios meses. Realmente no estoy seguro de cuál sea su origen, pero está allí, siempre a mi lado con la mirada en el horizonte. Algunas veces creo que es porque mi mente no se detiene nunca y siempre estoy pensando en algo y eventualmente termino visitando recuerdos lejanos. O tal vez sea que extraño momentos en los que me sentí más tranquilo. Momentos más felices y que ahora parecen remotos.

En el asiento al otro lado del pasillo, una chica golpetea ligeramente la pantalla de su celular y sonríe. Pasar un buen rato con los amigos, aunque sea a través de una pantalla. Afuera, el sol empieza a caer tras las nubes, sobre el horizonte. Una bandada de gaviotas realiza el que tal vez sea su último vuelo de la tarde.

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