Gotas de lluvia helada suspendidas en el aire a mi alrededor, como una cortina que me separa de los fantasmas que empiezan a arremolinarse en una oscura mañana de invierno. No siento el frío. No siento nada, y eso me asusta hasta que me doy cuenta que nada se mueve. Las gotas de lluvia, la hoja que cae una cuadra de distancia, la niebla fantasmal, todos están detenidos en un instante atrapado en mis recuerdos. Has vuelto pero no te dejas ver. ¿Dónde te has escondido ahora? Ya habíamos aceptado la carga compartida y después desapareciste por dos meses. Ahora puedo verte detrás del poste, como una sombra esquiva. Ven aquí, antes de que las gotas continúen su camino hacia el asfalto y los fantasmas decidan completar sus espirales obligatorias a mi alrededor antes de desvanecerse una vez más. No, no creo que sea necesario lanzar un nuevo hechizo para alejarlos. Esta vez es mejor dejar que sigan su camino, que cumplan su ronda habitual. Oh, sí, claro que los volveremos a encontrar, tal vez en otro instante atrapado entre fracciones de segundo. Es inevitable. Es parte de nuestro destino. Hay un ligero parpadeo en las luces de la calle cuando el tiempo vuelve a moverse a la velocidad normal. La niebla fantasmal se desvanece entre las gotas de lluvia. Pero siguen ahí a nuestro alrededor, memorias esperando el momento preciso para volver. Por ahora dejemos que sigan su camino. Por ahora caminemos de regreso a casa, en silencio, como siempre.
viernes, 9 de julio de 2010
lunes, 31 de mayo de 2010
02.008
Afuera todavía no sale el sol, y no empezará a salir en al menos media hora más, pero el olor del café fresco marca el inicio del día de trabajo. Una patada para terminar de despertar, como dice un amigo mío. Un café bastante más cargado que los otros que tomaré durante el resto del día, y servido en una taza bastante grande para que dure al menos la primera hora frente al monitor. Luego siguen al menos dos tazas de café instantáneo preparado en el estudio para no tener que bajar a la cocina. Tres si hace frío o si hace falta más energía. Nunca si el trabajo está demasiado pesado. En ese caso es bienvenida una taza de chocolate. Y así hasta llegar al almuerzo.
Mezcla de té, anís, canela y clavo en la sobremesa con la familia, y también para pasar un rato tranquilo leyendo el mismo libro que empecé hace más de un mes y que ya casi termino, o viendo algo en la televisión que casi nunca enciendo. Quizás un té con un par de gotas de limón (o un poco de cáscara de naranja) si se antoja la ocasión. El resto de la tarde es para otro par de tazas de café, a menos claro que el clima y la compañía se presten para tomar algo más fresco. Una taza de manzanilla después de cenar y mientras escribo esto, para despejar un poco la mente y poner en orden algunas de las ideas que se han venido acumulando durante el día.
lunes, 24 de mayo de 2010
02.007
Escribo esto con una toalla atada al cuello. No es que haga demasiado calor, ni demasiado frío, ni que me quiera suicidar ni nada por el estilo, sino que dentro de poco menos de hora y media se celebra una fecha importante para la subcultura de la cual formo parte. 25 de mayo es el Día de la Toalla, y también el Día del Orgullo Friki/Nerd/Geek.
El Día de la Toalla es una celebración de los fans de Douglas Adams, autor de The Hitchhiker's Guide to the Galaxy, quien falleció el 11 de mayo del 2001. El primer Día de la Toalla se celebró dos semas después, para que coincidiera con el Día del orgullo Nerd/Friki/Geek, en el que se celebra el estreno de la primera película de StarWars en 1977. Es un día en el que orgullosamente mostramos al mundo que usamos camisetas con referencias extrañas, que la cafeína es un componente más de nuestro organismo, que no tenemos vergüenza de saludarnos o despedirnos con citas de películas o libros, que coleccionamos miniaturas. Es un día de jugar Dungeons & Dragons hasta desmayarse, escuchar MC Frontalot y Jonathan Coulton, darle de alma a nuestras conexiones de internet, resucitar nuestras consolas de hace quince años, volver a leer nuestros libros o comics favoritos, ver alguna de las cientos de películas o series que forman parte de nuestra memoria colectiva. Es un día de ponerse una toalla en el cuello. ¿Por qué una toalla? Ningún viajero galáctico que se precie de serlo sale de casa sin una toalla. Así es esto con nosotros, no piensen mucho al respecto.
Larga vida y prosperidad.
lunes, 17 de mayo de 2010
02.006
Hace más o menos unos doce años, cuando aún estaba en secundaria y el mundo parecía un poco más gris, no había fuerza en el mundo que me hiciera tomar café. No me importaba que una taza de café incluyera la posibilidad de no morir de aburrimiento durante el día de clases, o que pudiera ayudarme a siquiera tratar de revisar el cuaderno antes de algún examen, el sabor amargo era suficiente para mantenerme lejos de la cafetera. En esa época era joven e inexperto, igual que muchos.
Al terminar la secundaria e iniciar mi primer intento de estudiar algo, decidí probar el café para poder sobrevivir a algunas amanecidas. Empecé a encontrarle un cierto gusto, pero seguía tomando apenas una taza o dos al día, dependiendo del clima, la compañía, y si había o no mucho trabajo por hacer. Terminado ese primer intento, el café volvió a desaparecer de mi vida por un buen tiempo. Años más tarde, cuando el mundo hubo dado las mil vueltas requeridas para que finalmente empezara a encontrar mi camino, encontré una amiga a la que le encantaba tomar una taza de café por las tardes. Luego llegó un invierno en medio de la nieve, varias noches interminables jugando rol, devorando libros o terminando tareas que parecían reproducirse cada vez que me acercaba al final. Y de pronto me di cuenta que el café se había metido por los palos hasta convertirse en parte esencial de mi rutina diaria.
Amigo café, ¿hacia dónde iremos ahora?
lunes, 10 de mayo de 2010
02.005
Hace unos días me di cuenta que hace demasiado tiempo que no juego Dungeons & Dragons. Sigo escribiendo, creando personajes y tejiendo historias, aventuras y demás cosas, revisando libros de reglas y dibujando mapas, pero realmente no he tirado los dados en una partida en más de seis meses. No he jugado con mi primer grupo desde antes de la graduación hace ya más de cinco años. Seguí jugando esporádicamente con mi otro grupo hasta hace cosa de un año, y logré reunir un pequeño grupo eventual con el que sólo jugué un par de veces hace más de medio año. Supongo que es normal que los grupos de juego se alejen a medida que sus miembros crecen y empiezan a acumular nuevas ocupaciones y obligaciones que no pueden dejar de lado para sentarse alrededor de una mesa y pretender que son aventureros recorriendo ruinas o explorando cavernas habitadas por criaturas inenarrables. Sé con certeza que todos seguimos siendo el mismo grupo de nerds que éramos entonces (posiblemente seamos incluso más nerds ahora, o al menos tenemos mayor facilidad para serlo), es sólo que ya no tenemos tiempo para ser nerds juntos como antes. En el mundo real no podemos hechizos para detener el tiempo y acabar con el villano antes de que se ponga el sol y poder volver a casa con la familia. En el mundo real tendremos que esperar el momento exacto, la conjunción de los astros que finalmente nos permita volver a ser un grupo de tipos pretendiendo ser elfos.
domingo, 9 de mayo de 2010
02.004
¿Quién eres, que apareces en esta madrugada más bien fría y melancólica? ¿Eres una visión del futuro? ¿O acaso un fantasma? Ah, eres tú otra vez. Pensé que te habías ido junto con los otros extraviados, pero lograste resistir los hechizos del invierno pasado. Siempre persistes. Desapareces durante meses, pero al final siempre regresas. Sin embargo hay algo distinto en ti esta vez. ¿Qué es lo que tienes en las manos? ¿Cadenas? No tenías cadenas la última vez que lancé los hechizos para alejarte. Pero hay algo más. Una sensación extraña en la neblina que se arremolina a nuestro alrededor. ¿Será que tu naturaleza ha cambiado? Claro. Esas cadenas eran mías. Pensé que finalmente las energías arcanas habían logrado quitármelas de encima, pero parece que lo único que conseguí fue que ahora seas tú quien las lleve. Pero sigue siendo mías. Debe haber sido tu propia decisión. Veo que te acercas en silencio cargando mis cadenas. Extiendo las manos para sentirte una vez más. Un ligero cosquilleo recorre mis dedos y trepa por mis brazos. Has cambiado. Hemos cambiado. Al parecer estamos unidos por esas cadenas, y, aunque preferiría que desaparecieran, supongo que no van a ir a ningún lado en el futuro cercano. Has venido para mostrarme que ahora me ayudas a llevarlas. Después de tantos años, en silencio y sin vernos a los ojos, finalmente nos hemos resignado a la carga compartida. No te daré la bienvenida. Tampoco te voy a echar. Si quieres quedarte, sólo te pido que no estorbes.
jueves, 6 de mayo de 2010
02.003
Soy de las personas que no se hacen mayores problemas cuando los cobradores del bus olvidan cobrarme el pasaje, o cuando me dan vuelto de más. Yo creo que la vida es cíclica, que así como vienen cosas buenas también vienen cosas malas, y que si haces cosas buenas, eventualmente algo bueno llegará a ti. De la misma forma, creo que si haces cosas malas, eventualmente algo malo llegará, de una forma u otra. Teniendo en cuenta que los cobradores y choferes de buses son, básicamente, unos malditos, entonces es totalmente lógico pensar que algunas cosas malas, sean grandes o pequeñas, llegarán a ellos tarde o temprano. Ok, lo admito, quizás existan por ahí algunos cobradores y choferes buenos, pero en todos estos años viajando en bus no me he cruzado con ninguno. Es posible que algunos reciban un sólo gran latigazo kármico y terminen reencarnados en cucarachas, y que otros reciban pequeños hincones kármicos que contrapesan las pequeñas maldades que han ido acumulando. Si el cobrador te da un sol más sin darse cuenta, piensa que quizás sea porque ayer le cobró un sol de más a alguien, o porque no quiso recoger a un escolar, o porque le dio una moneda falsa a una viejita, o porque bota basura al piso, o porque no le dio la gana de cobrarte el medio pasaje hace un par de años. Entonces, en lugar de tratar de corregir el error, mejor guarda la moneda, sonríe por dentro y deja que la gran rueda del universo siga girando.