sábado, 16 de abril de 2011

2011-003

Nunca me he visto en la necesidad de buscar un  lugar para vivir. Viví toda la infancia y adolescencia con mi familia en casa de mi abuela, y en los últimos años de la universidad nos mudamos a otra casa más pequeña que antes habíamos tenido alquilada. Hace unos tres años nos volvimos a mudar, esta vez al edificio en el que antes mis papás tenían la farmacia. Posiblemente a principios de mayo nos mudemos a la nueva casa construida en el terreno que antes era la casa de mi abuela. En fin, la cosa es que, a pesar de todas estas mudanzas, nunca he tenido que buscar un lugar para vivir. Cuando viví en Lima estuve primero en una pensión que encontré de casualidad. Luego viví en casa de mi hermana (lo cual, por cierto, resultó ser uno de los peores errores que haya cometido en mi vida), pero en fin, es otro lugar que no tuve que buscar. Debo ser una de las pocas personas que no ha pasado por eso, y realmente me siento agradecido por ello.

Empecé a pensar en esto mientras hablaba con una amiga que hace un tiempo estuvo buscando una habitación con espacio suficiente para ella y su vida, y la verdad es que, aunque me esforcé, no logré realmente ponerme en su lugar. No tengo la menor idea de qué haría si tuviese que buscar una habitación o un departamento. Supongo que entraría en pánico y me hiperventilaría antes de empezar a buscar.

viernes, 15 de abril de 2011

2011-002

Estoy sentado en la azotea del edificio que ahora se alza donde antes estuviera la casa de mi abuela. Pocas cosas me gustan tanto como la tranquila sensación de sentarme sobre los baldes de pintura que trajeron en la mañana (supongo que para los muros de la sala o algo) y observar las nubes. Me gusta sentarme aquí después de pasar el día metido en el estudio en la otra casa. Me gusta estar aquí y no hacer realmente nada más que dejar que pase el tiempo como lo hacen las palomas que en el día parecen observar todo desde sus puestos habituales en los cables de teléfono. A veces traigo la laptop para escribir y aprovechar la tranquilidad de no tener cerca una conexión estable y desprotegida de la cual colgarme. Se siente raro… se siente bien estar desconectado del mundo por un rato, pensar que las cosas podrían moverse a la velocidad de caminata que tenían antes y no a la carrera frenética a la que todo se mueve ahora. Nostalgia alimentada por la sensación de estar sentado nueve metros por encima del lugar en el que me sentaba a ver televisión durante buena parte de mi vida.

La luna creciente se insinúa detrás de las nubes que empiezan a separase un poco para dejarla sonreír sobre los mortales. Un mensaje de texto llega a mi celular. Al otro lado de la calle, un gato negro se despereza en el techo. Hora de regresar a casa y al tiempo real.

jueves, 14 de abril de 2011

2011-001

Leyendo después de mucho tiempo lo que escribía en mi primer blog entre el 2004 y el 2006, me doy cuenta de que, si bien algunas cosas han cambiado, hay otras que siguen siendo casi las mismas, como si se resistieran firmemente a cambiar. Las crisis existenciales se detuvieron hace un tiempo, y felizmente no han vuelto con la gravedad de antes. Ya no paso horas y días enteros atormentándome por cambios en la dirección del viento, pues eso sólo complicaba las cosas innecesariamente. He aprendido a convertir el daño en experiencia, y a dejar que esa experiencia descanse tranquila en la mochila de recuerdos. Sobreviví y me hice más fuerte, supongo.

Sin embargo, como dije, hay algunas cosas que siguen siendo casi las mismas, y hay fantasmas que siguen dando vueltas, no importa lo que haga para deshacerme de ellos. Algunos han pasado a ser compañeros de viaje. Otros dan vueltas a mi alrededor de tiempo en tiempo, murmurando cosas que se quedaron sin decir.

Una vez más tengo la sensación de que las cosas no están saliendo como deberían. Una vez más escucho el lejano susurro diciéndome que si tengo paciencia todo saldrá como espero, que esta vez será distinto. Y surge casi al mismo tiempo otro susurro diciéndome que todo será exactamente igual que las veces anteriores, aunque espere el tiempo que espere. Una vez más no sé bien qué hacer.

Enciendo un cigarrillo y dejo que el humo me envuelva y dibuje figuras extrañas que se alzan hacia las nubes.

jueves, 16 de septiembre de 2010

02.012

Hace alrededor de un mes y medio compré un pequeño cactus. Hacía ya un buen tiempo que venía pensando en comprar un cactus para poner en alguna parte de la sala/estudio (eso o un bonsai, pero son caros y requieren mucha dedicación), pero siempre terminaba quedándose para después, para comprarlo el fin de semana o el próximo mes o en algún momento antes del fin de los días. Hasta que una tarde, volviendo a casa después de salir a caminar un poco, vi una simpática penca enana sembrada en un vaso descartable roto. Al verla de cerca, noté que era un sistema binario: dos tallos principales, cada uno con un tallo secundario. Dos pencas enanas creciendo juntas, y las vendían como si fueran una sola. Faltaba la parte superior de ambos tallos principales, quizás cortados para sembrarlos en otra maceta, y la verdad es que el aspecto de la pequeña penca binaria me dio pena. Lo compré sin pensarlo mucho más y lo llevé al estudio. Al día siguiente le compré una maceta de plástico (que resultó ser más cara que el cactus), porque resulta más práctica que una de barro, y desde entonces el pequeño cactus binario ha estado viviendo cerca a mi escritorio, con visitas diarias al balcón para que pueda disfrutar un poco de aire fresco y luz solar. Nunca había tenido una planta, y me preocupaba que el cactus no sobreviviera, pero creo que el hecho de que esté creciendo un nuevo tallo secundario es una buena señal.

martes, 31 de agosto de 2010

02.011

Si tienes que golpear la puerta porque no hay timbre, primero fíjate si es la puerta correcta, y, cuando estés seguro, da tres o cuatro golpes sonoros, sin exagerar, y luego espera un par de minutos (cuenta hasta cien) para que las personas de la casa tengan tiempo de abrir. Si hay un timbre, llama una vez o dos y espera. Si nadie abre, repite el procedimiento un par de veces más. Si a la tercera nadie abre, no insistas. Es algo simple que me enseñaron cuando era pequeño y se quedó conmigo para siempre.

Esta mañana (poco después de ver frustrado mi baño matutino porque la motobomba dejó de funcionar y el técnico no podía ir a repararla al menos en dos horas) mi desayuno se vio interrumpido cuando alguien llamó la puerta como si el fin del mundo estuviese a la vuelta de la esquina, para después preguntarme si votaba aquí o en otro lugar y por quién pensaba votar. No tengo ningún problema con responder encuestas electorales, tampoco tengo problema alguno en bajar desde el estudio (en el tercer piso) cuando alguien toca la puerta del primer piso, pero sí tengo un problema enorme con que la gente llame a mi puerta con urgencia para algo tan trivial como una encuesta. O cuando golpean sin parar hasta que abro… y me preguntan si tengo un par de minutos para tratar de convencerme de unirme a su religión. Y me miran raro cuando les cierro la puerta en la cara.

viernes, 13 de agosto de 2010

02.010

Casi nunca veo televisión nacional, salvo por el noticiero que ven mis padres a la hora de almuerzo, el de entrevistas que vemos durante la cena, y uno que otro programa político. Prefiero evitar los programas de espectáculos, de variedades y concursos (que se limitan a repetir las mismas fórmulas), y los programas que no tienen más función que alimentar el ego de sus conductores.

Hoy me senté a ver el noticiero después de la cena, y en menos de dos minutos resentí el golpe de media docena de incongruencias espetadas por un reportero que… habla… en… pausas… dramáticas. Alguien debería enseñarle a narrar, a conjugar verbos, a usar adverbios y a respetar géneros. Pero eso no era lo peor. Parece que las únicas noticias del día fueron dos tachas a un candidato, dos robos, dos accidentes y dos homicidios ocurridos hace un par de días (no creo que sea coincidencia que todo viniera en pares), y en el resto del mundo no pasó absolutamente nada, pues el noticiero no informó acerca de nada ocurrido fuera del Perú. Con tan pocas noticias que reportar, la información se terminó a los cuarenta minutos, así que al noticiero no le quedó más que llenar los siguientes diez minutos con información acerca de las series cómicas producidas por el mismo canal. Después, diez minutos de noticias deportivas y buen fin de semana y apoyen a la Teletón (al menos UNA cosa realmente útil en sesenta minutos de noticiero). Y me preguntan por qué no veo televisión nacional.

viernes, 9 de julio de 2010

02.009

Gotas de lluvia helada suspendidas en el aire a mi alrededor, como una cortina que me separa de los fantasmas que empiezan a arremolinarse en una oscura mañana de invierno. No siento el frío. No siento nada, y eso me asusta hasta que me doy cuenta que nada se mueve. Las gotas de lluvia, la hoja que cae una cuadra de distancia, la niebla fantasmal, todos están detenidos en un instante atrapado en mis recuerdos. Has vuelto pero no te dejas ver. ¿Dónde te has escondido ahora? Ya habíamos aceptado la carga compartida y después desapareciste por dos meses. Ahora puedo verte detrás del poste, como una sombra esquiva. Ven aquí, antes de que las gotas continúen su camino hacia el asfalto y los fantasmas decidan completar sus espirales obligatorias a mi alrededor antes de desvanecerse una vez más. No, no creo que sea necesario lanzar un nuevo hechizo para alejarlos. Esta vez es mejor dejar que sigan su camino, que cumplan su ronda habitual. Oh, sí, claro que los volveremos a encontrar, tal vez en otro instante atrapado entre fracciones de segundo. Es inevitable. Es parte de nuestro destino. Hay un ligero parpadeo en las luces de la calle cuando el tiempo vuelve a moverse a la velocidad normal. La niebla fantasmal se desvanece entre las gotas de lluvia. Pero siguen ahí a nuestro alrededor, memorias esperando el momento preciso para volver. Por ahora dejemos que sigan su camino. Por ahora caminemos de regreso a casa, en silencio, como siempre.